EL CONTRABANDO



Si se entiende por contrabando la “importación o exportación de mercancías de forma ilegal mediante la evasión de los impuestos aduaneros, o incluso de mercancías prohibidas”, es fácil comprender que el valle del Bidasoa fuese un lugar idóneo para la práctica de esta actividad. Las fronteras se impusieron contra “natura” en función de los intereses económicos y políticos de Francia y España, y aún así no resultó fácil delimitarlas: tras la conquista del Reino de Navarra en 1512, hay que esperar al Tratado de los Pirineos firmado en 1659 en la Isla de los Faisanes, que considera la cadena montañosa “la división entre los dos reinos”. Pero la frontera quedó sin precisar y finalmente con el Tratado de Baiona de 1856, se colocaron 272 mojones fronterizos. Otra curiosidad: a comienzos del siglo XIX, durante el reinado de José Bonaparte en España, Irun y Hondarribia fueron territorio navarro.

Fronteras impuestas, desarrollo económico y políticas tributarias muy diferentes en los dos estados, situaciones de escasez y necesidad en años de postguerra, dictaduras y persecuciones políticas,… son condicionantes que han ido forjando una actividad justificada, respetada y comprendida… también envidiada, perseguida y castigada… pero casi siempre silenciosa y poco dada a ostentaciones.

En el periodo de 1940-1970, última gran época del contrabando en el valle del Bidasoa, y considerando que la gran mayoría del tránsito se realizaba de Europa a la Península, se pueden distinguir dos formas complementarias de contrabando: una, la que se realizaba de noche, conocida como “gau lana”, mediante transporte a pie o con caballerías por sendas de montaña, o con pequeñas embarcaciones en la costa y bahía de Txingudi, hasta lugares “seguros” cerca de las poblaciones; y la otra que, mediante camuflaje en todo tipo de vehículos, trasladaba las mercancías desde Francia o los lugares “seguros” hasta Pamplona, Donostia, o incluso Madrid y Barcelona. En el segundo caso, hay que tener en cuenta que en el mismo valle del Bidasoa existían puestos internos de aduana y control de mercancías. 

¿Con qué se hacía el contrabando?  Como se puede entender, cualquier mercancía que tuviese gran diferencia de precio entre ambos lados de la frontera y diese margen de beneficio, o no existiese por escasez o prohibición, podía ser objeto de contrabando: desde pan, azúcar, pescado, café,… ganado, suministros y maquinaria industrial,… tabaco, bebidas, ropa, puntillas, condones, almendras, televisiones, dinero, oro,… hasta personas, sí personas: huídos de la Guerra Civil española (nacionalistas, makis…), huídos de la Segunda Guerra Mundial (judíos, pilotos de aviación…) y emigrantes portugueses que cruzaban clandestinamente la frontera en dirección a Francia.